Se encuentra en la Región de Ñuble, a pocos minutos de Quillón, y representa uno de los mejores ejemplos de restauración ecológica y compromiso comunitario del centro sur de Chile. Este espacio natural, que abarca 11,5 hectáreas —6,5 de ellas conformadas por la laguna que da nombre al parque—, renació tras el gran incendio forestal de 2012, cuando la comunidad, junto a Arauco, inició un proceso de recuperación de su flora y fauna nativa.
Hoy, Coyanco es mucho más que un paisaje: es un refugio de vida silvestre donde la regeneración se vuelve visible en cada rincón. Entre quillayes, peumos, boldos y maiténes se tejen senderos que rodean la laguna, hábitat de cisnes de cuello negro, rayaditos, zorzales, tencas, cachuditos y coipos que se desplazan entre las aguas tranquilas. En sus bordes crecen helechos, musgos, líquenes y enredaderas, formando una red verde que respira humedad en verano y neblina en invierno.
El parque cuenta además con miradores, áreas de descanso y un vivero de especies nativas, desde donde se cultivan árboles y arbustos que son luego utilizados para continuar el proceso de reforestación local. Este trabajo, impulsado junto a escuelas y organizaciones del territorio, convierte a Coyanco en un verdadero laboratorio vivo de educación ambiental, donde los visitantes pueden observar de cerca los procesos naturales de regeneración del bosque y los humedales.
Cada sendero de Coyanco es una lección de equilibrio. Aquí, la naturaleza enseña cómo volver a levantarse después del fuego, cómo el agua moldea nuevamente el paisaje y cómo el ser humano puede transformarse en aliado de la vida. Por eso, más que un parque, Coyanco es un símbolo de resiliencia, un espacio abierto y gratuito que invita a aprender, contemplar y cuidar los ecosistemas que nos sostienen.